junio 02, 2013

Conflicto sirio amenaza con expandirse por participación de actores externos


Mientras se realizaban diálogos para la conferencia de paz, Arabia Saudita pactaba el financiamiento de insurgentes. Rusia, la Unión Europea, Hizbulá, Irán, Qatar y Turquía mueven sus cartas en la lucha entre los rebeldes y las fuerzas de al-Assad.

A diferencia de lo que ocurrió con las revueltas árabes en países como Egipto o Túnez, donde las protestas populares lograron el derrocamiento de los gobernantes, o incluso en Libia, donde la revolución viró en una lucha armada que fue apoyada activamente por Occidente, el espiral en el que ha entrado el conflicto interno sirio, podría convertirlo en la primera guerra de Medio Oriente del siglo XXI. Eso con la eventual expansión más allá de sus fronteras, con la participación (abierta o encubierta) de países y potencias regionales y globales, y con elementos que recuerdan algunos de los enfrentamientos propios de la Guerra Fría.

Quizás el primer y más reciente elemento que evidenció el giro de la guerra en Siria fue el reconocimiento por parte del líder de la guerrilla chiita libanesa Hizbulá, Hassan Nasralah, la semana pasada, de que sus hombres estaban combatiendo junto a las tropas del régimen de Basher al-Assad. Ese reconocimiento se produjo después de claras evidencias de la participación del milicianos libaneses pro iraníes y un día después de que Teherán negara que sus fuerzas estén -por ahora- luchando junto al Ejército sirio. El escenario central de la participación de Hizbulá era Qusair, cerca de la frontera con Líbano, donde en la última semana se han desarrollado cruentos combates para hacer retroceder a los rebeldes que controlaban el área. Incluso, ayer algunos misiles cayeron en un bastión de Hizbulá dentro de Líbano.

Y a continuación se produjo una seguidilla de hechos: el lunes la Unión Europea decidió levantar el embargo de armas sobre los insurgentes sirios, con la clara disposición de armarlos; al día siguiente, casi en reacción a lo anterior, Rusia (el mayor aliado de al-Assad junto con Irán) confirmó que enviará misiles avanzados tierra-aire S-300 a Damasco; el ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, declaró que si esa entrega se concreta “sabremos qué hacer”, considerando que ese armamento está dirigido al poderío aéreo de Israel; el miércoles el canciller sirio Walid Moallen, prometió una “represalia inmediata” a cualquier ataque proveniente del Estado judío, país con el que técnicamente se encuentra en guerra (se enfrentaron en los conflictos de 1948-1949, de 1967 y 1973), y el jueves al-Assad, en una entrevista con el canal Al Manar, de Hizbulá, anunció la llegada de la primera partida de misiles rusos.



El levantamiento europeo del embargo se haría efectivo dentro de dos meses tras la conferencia de paz en Ginebra que están tratando de organizar las diplomacias de Washington y Moscú para agosto. Pero, mientras la semana pasada se negociaba en la capital jordana, Amán, la realización de esa reunión, Turquía llevaba a cabo sus propias conversaciones en Estambul. Arabia Saudita y una quincena de miembros del alto mando del Ejército Libre de Siria, pactaban la entrega de ayuda a los rebeldes. Los sauditas están en una carrera frente a Qatar por ganarse a los grupos insurgentes, pensando en el eventual momento de que al-Assad sea derrotado y algunas de estas facciones se hagan con el poder. Así mientras, los qataríes respaldan a los grupos más islamistas, Riad financia y arma a las facciones islamistas moderadas. Según la revista Time, a comienzos de 2012 Arabia Saudita y Qatar trabajaron en conjunto para canalizar a través de Turquía suministros militares a los rebeldes. Pero la cooperación entre la dos potencias del Golfo se trizó en agosto pasado cuando el comando conjunto de los rebeldes se derrumbó y Qatar pactó unilateralmente con algunos de los grupos insurgente sirios. El diario británico Financial Times aseguraba el fin de semana pasado que el emirato ha entregado unos US$ 3.000 millones a los rebeldes. 

Detrás de ello no se puede obviar la rivalidad entre chiitas (Assad, Irán e Hizbulá) y sunitas (milicias sirias, Arabia Saudita, Qatar, Turquía). “Como astillas de fierro en un imán, los países, grupos étnicos y unidades de combate se ordenan a lo largo de las líneas sectarias que ensanchan la brecha entre sunita y chiitas”, escribió la revista alemana Der Spiegel. El otro actor relevante en esta crisis es Turquía, el primero en darle acogida a grupos rebeldes sirios, cuando eran facciones incipientes. El premier Recep Tayyip Erdogan ha sido enfático en exigir la salida de al-Assad. Desde la llegada de Erdogan al poder en 2003, Ankara ha dado un giro en su política exterior, dejando a un lado los complejos heredados del Imperio Otomano para apostar a convertirse en potencia regional. Y para eso su principal adversario es Irán. En caso de conseguir la salida de al-Assad y que surja un gobierno afín, Irán perdería a aliado y la comunicación con su protegidos de Hizbulá, y se vería virtualmente aislado. 

Fuente. La Tercera (Chile)
"Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra." Rodolfo Walsh (1927-1977), periodista, víctima de la dictadura militar argentina

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